¿Cuáles son las competencias de un buen coach?

Si tuviera que definir cuáles son las competencias más importantes que un coach debe desarrollar para poder realizar de forma eficiente su misión diría que son:

  1. Confianza: la capacidad de generar una relación de confianza con el pupilo es el punto de partida básico para facilitar un entorno adecuado que le lleve a sentirse cómodo. Esta sintonía facilitará que el pupilo pueda explorar sus sentimientos y expresar sus inquietudes y sus motivaciones. Para poder inspirar este sentimiento el coach debe ser un profesional íntegro que cuide su credibilidad y honestidad y que actúe de acuerdo con sus principios éticos.
  2. Orientación a resultados: el coaching se caracteriza por la puesta en marcha del plan de acción para conseguir los objetivos que el pupilo se fija. Se hace necesario, por tanto, que el coach haya desarrollado previamente por sí mismo esta competencia, sin la cual el proceso carecerá de la técnica necesaria.
  3. Empatía: la habilidad de ponerse en el lugar del pupilo, de entender la realidad desde el mapa mental que él/ella tiene, incluyendo también la aceptación sin juzgar.
  4. Escucha activa: el arte de comprender al pupilo concentrando los cinco sentidos en lo que quiere transmitir. No consiste, por tanto, sólo en oír, sino en saber interpretar, a través del lenguaje corporal y la microconducta, las connotaciones de lo que expresa para entender, además, cómo se siente.
  5. Comunicación: el poder transmitir un mensaje de forma clara, precisa, eficaz, además de saber formular preguntas “poderosas” adecuadas a la situación y contexto para hacer reflexionar al pupilo. Esta es uno de los pilares del proceso de coaching y es la herramienta básica que el coach debe dominar para el éxito del proceso.
  6. Autocontrol: capacidad del coach de conocerse a sí mismo y ser capaz de gestionar de una forma eficaz sus emociones es un paso necesario para poder realizar su misión sin influir en las decisiones del pupilo o sin manipular con sus comentarios las posibles alternativas.
  7. Capacidad de análisis: el coach será capaz de estudiar las situaciones, posibles opciones e interpretar la información que va obteniendo, sin perder la visión global de la situación y las implicaciones que puedan surgir de las diferentes alternativas.
  8. Adaptabilidad: es responsabilidad del coach realizar el esfuerzo de integración en la realidad y las circunstancias del pupilo, y en la medida de lo posible poder comprender el entorno y situación específica que le rodean, para ayudarle a conseguir los mejores resultados.
  9. Desarrollo de personas: es la actitud de servicio imprescindible en el coach, la vocación por ayudar a la mejora y el desarrollo del pupilo.
  10. Humildad: el coach es consciente de lo que no sabe, de que no tiene la verdad absoluta y de que el protagonista es siempre el pupilo, en torno a al que gira el proceso de coaching.

La gran responsabilidad que recae en el coach debe ser el aliciente que le impulse a la mejora continua y al desarrollo de sus propias competencias.

Es importante que como coach me cuestione: ¿Cómo puedo mejorar en cada una de esas competencias? ¿Cuál es mi auto-análisis de cómo las he puesto en práctica al final de la sesión? ¿Cuáles debo desarrollar para ayudar mejor a este cliente?

 

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