II hábito: Enfócate en tu propósito

Imagínate que estás observando la escena del día de tu funeral. Las personas allí presentes están hablando sobre ti. ¿Qué te gustaría que dijesen cada una de esas personas sobre ti y sobre tu vida? ¿Qué tipo de esposo/a, padre/madre, amigo/a, hijo/a te gustaría que describiesen? ¿Qué clase de compañero/a? ¿Qué carácter te gustaría que hubiesen visto en ti? ¿Qué aportaciones quieres que ellos recuerden? ¿Cómo te gustaría haber influido en sus vidas?

2. SEGUNDO HÁBITO: Enfócate en tu propósito
Realizando esta visualización se llega a identificar los valores más profundos y fundamentales. Este hábito que plantea Stephen Covey en su libro, (“Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”), consiste en empezar con la imagen, el cuadro o el paradigma de vida que queremos conseguir como marco de referencia o criterio para el examen de todas las otras cosas. Cada parte de nuestra vida (la conducta de hoy, de mañana, de la semana que viene) puede examinarse en el contexto del todo, de lo que realmente a cada uno nos importa más. Teniendo claro cuál es ese fin, cada día puedo asegurarme de que lo que hago está siendo coherente con los criterios que he definido previamente de importancia suprema y así cada día poder contribuir de un modo significativo a la visión que tengo de mi propia vida como un todo.

Esto significa también comenzar con una clara comprensión de mi destino. Saber hacia dónde estoy yendo y poder comprender mejor dónde estoy y dar siempre los pasos adecuados en la dirección correcta. Hay que tener en cuenta también que todas las cosas se crean dos veces. Antes de hacer cualquier cosa primero la imaginamos, la planificamos y la distribuimos, por tanto, la creamos en nuestra mente. Esta capacidad exclusivamente humana de autoconciencia, imaginación y conciencia moral nos permite examinar las primeras creaciones y hacernos cargo de ellas, escribir nuestro propio guión. Este segundo hábito se basa en el principio de liderazgo personal, es la creación de la visión, de lo que se quiere conseguir. Lo primero que necesitamos tener claro es la visión, la meta y la brújula, para después poder organizar el mapa de ruta.

Lo importante es que seamos nuestros propios creadores. Para poder ser proactivos nos podemos apoyar en nuestra imaginación y en la conciencia moral. La imaginación nos ayuda a visualizar los mundos potenciales que hay en nuestro interior. Por la conciencia moral entramos en contacto con leyes o principios universales, con nuestros talentos y formas de contribución particulares y con las directrices personales con los cuales podremos desarrollarlos más efectivamente. Esto nos permite escribir nuestro propio guión.
Empezar con un propósito en mente significa enfocar mi rol en cada una de las facetas de mi vida teniendo claros mis valores y mi orientación. Significa ser responsable de mi propia creación, reescribir mis guiones de modo que los paradigmas que surgen de mi conducta y actitudes sean congruente con mis valores más profundos y estén en armonía con los principios correctos.

La sabiduría y la guía que acompañan a la vida centrada en principios provienen de mapas correctos, del modo en que las cosas son realmente, han sido y serán. Los mapas correctos nos permiten ver con claridad dónde queremos ir y cómo llegar allí. El poder personal que surge de la vida centrada en principios es el poder de un individuo autoconsciente, proactivo, no limitado por las actitudes, conductas o acciones de los demás ni por muchas de las circunstancias e influencias ambientales que coartan a otras personas.

¿Cómo enunciar nuestro propósito personal? Para detectar nuestra “misión” en la vida podemos guiarnos por nuestro sentido interno, que es la conciencia moral que nos permite percatarnos de nuestra singularidad y de las contribuciones específicas que podemos realizar.

Como decía Viktor Frankl: “Toda persona tiene su propia misión o vocación en la vida. En ellas no puede ser reemplazada, ni su vida puede repetirse. De moda que la tarea de cada uno es tan única como su oportunidad específica de llevarla a cabo”.

A nivel de una organización, el enunciado de la misión que verdaderamente refleje el modo de ver y los valores compartidos y profundos de todos sus miembros, crea una gran unidad y enorme compromiso. Crea un marco de referencia en el corazón y la mente de las personas, un conjunto de criterios y directrices bajo cuya guía se gestionarán.

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